Desde los veteranos, que dominan los procesos con los ojos cerrados, hasta los nativos digitales, que arreglan la conexión wifi antes de que puedas decir «¿lo compruebas?»: cuando lo probado se une a lo nuevo, la experiencia a las perspectivas frescas, la serenidad al impulso creativo… a menudo surge precisamente ese campo de tensión que hace avanzar a las empresas. La mezcla generacional suena a combinación de ensueño. Y lo es, siempre y cuando no se cometa el error de confundir los estereotipos con manuales de instrucciones para los empleados.
Porque cuando se dan cita diferentes entornos de vida, valores y estilos de trabajo, surgen fricciones. No porque se trate de un enfrentamiento entre «jóvenes y mayores», sino porque cada persona es diferente.
Los tópicos son divertidos, pero inútiles
Las diferencias se pueden exagerar maravillosamente: unos buscan un «propósito» y flexibilidad, otros trabajan sin descanso hasta la jubilación. Unos quieren recibir comentarios cada minuto, otros están convencidos de que «que no te regañen ya es un elogio suficiente».
Puede que suene un poco tajante, pero en la práctica no sirve de mucho. Y es que la realidad no encaja en los estereotipos de edad. Hay personas de 60 años que se hacen virales en TikTok y otras de 20 que no se separan de su agenda de bolsillo. Jóvenes a los que les encanta la rutina y personas mayores que celebran cualquier cambio. Quien solo se fija en el año de nacimiento pasa por alto lo que realmente importa.
Lo que realmente motiva a las personas
Si dejamos a un lado los estereotipos, queda claro que los empleados no se guían por ellos, sino por aquello que les da fuerzas en su día a día laboral.
Algunos necesitan sobre todo una conexión emocional: sentido de pertenencia, reconocimiento, sentido. Otros actúan de forma calculada: valoran la fiabilidad, las estructuras claras y un intercambio justo. Otros, en cambio, están orientados al crecimiento: quieren crear, aprender, asumir responsabilidades y generar cosas nuevas.
Estos patrones no están ligados a la edad. Están presentes en cualquier plantilla y evolucionan con las etapas de la vida, las fases profesionales y las experiencias personales.
Escuchar en lugar de tomar notas
El verdadero arte consiste no en poner etiquetas a la ligera, sino en comprender: ¿quién necesita seguridad, quién libertad, quién empatía? ¿Quién se desenvuelve mejor en equipo, quién necesita espacio para desarrollar su creatividad? ¿Quién busca estabilidad, quién aventura?
Un liderazgo que plantee estas preguntas con seriedad crea espacios en los que las personas pueden desarrollarse plenamente, independientemente de si tienen 23 o 63 años. Así es como se genera compromiso, motivación y, en última instancia, también rendimiento.
Personas, en lugar de patrones
Reírse de los estereotipos une a las personas: son un material estupendo para las conversaciones triviales y el cabaret. Sin embargo, no sirven para el liderazgo. Al fin y al cabo, lo que importa no es si alguien es joven o mayor, sino si las condiciones son las adecuadas para que pueda trabajar con alegría, energía y eficacia.
Y eso se puede averiguar: de forma fundamentada, sistemática y sin caer en clichés.
PERSENTIS refleja las diferencias en los conocimientos, tanto a nivel individual como de equipo. ¡Échale un vistazo ahora mismo! Y si tienes alguna pregunta, estaremos encantados de ayudarte.
